martes, 10 de abril de 2012

Yo quería sentirme como un ángel...

Hola a todas y todos!!

Hace un año hice una visita a Nueva York, una ciudad que desconocía y que desde siempre me había fascinado.

Cuando era una enana, me gustaba porque veía las numerosas series de abogados y me encantaba imaginarme con esos trajes de chaqueta impecables haciendo emocionantes y sentidas alegaciones ante un tribunal. Todo esto en unos edificios flanqueados por enormes columnas donde en una escalinata te esperaba la prensa para preguntarte por el veredicto final.... Cosas de niña.

A medida que me hice mayor, y fui devorando Vogues sin ningún pudor, Nueva York se convirtió en mi cabeza en esa ciudad magnífica donde la gente vestía de forma glamurosa y donde, a la vuelta de la esquina, encontrabas las tiendas más maravillosas del mundo.

La realidad que me encontré en Nueva York el año pasado distaba de lo que había imaginado: no porque la gente no fuera glamourosa, que lo eran (algunos y algunas, claro...), ni porque sea una de las ciudades más impresionantes del mundo, que lo es, y a la que quiero volver, y en la que no me importaría quedarme.

Mi decepción estuvo ligada a esas glamurosas y maravillosas tiendas que tenía en mente.

Victoria Secret fue la gran decepción. Cuatro plantas de desordenados cajones llenos de ropa interior de colores estridentes, y manoseados por todas... y todos...

Salí de allí con un pack que me costó 20$. No creáis que fue lo primero que vi: estuve buscando en las dichosas cuatro plantas alrededor de una hora y me llevé el dichoso pack, por llevarme algo...

En mi mente había relacionado Victoria Secret a un sitio glamuroso, donde tan sólo con llevar un conjunto de lencería, te sentías como un ángel caído del cielo...

¿No era esa la idea? Seguramente, lo entendí mal...

Besos!!!






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